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Alberto González de la Peña

Sevillano de nacimiento, despunta tempranamente con vocación artística que desarrollará de forma autodidacta.

Sin embargo su incorporación al mundo del arte se hace esperar hasta 1988.

En su obra es fácil descubrir una singular temática. Los animales y los momentos vividos en el campo por su afición a la caza, los caballos y el toro bravo.

 

“Los gualdas, los añiles y la tarde, todas las tardes, y los amaneceres de esta tierra santa y mágica y eterna en que nos sustentamos y vivimos, aquí donde las cepas y los toros y el olivar, y la dehesa, y el sol, nuestro sol, y el verde casi eléctrico de la campiña parece hacerse perpetuo tras el precioso otoño, para otorgarnos pensamientos, reflexión, sentir profundo y vida.

Así es nuestro universo, nuestra madre tierra. Y aquí, en Sevilla, nacen artistas como Alberto González de la Peña Laguillo, que comenzó su andadura como escultor por los años ochenta para ir abriendo camino desde entonces en el mundo del naturalismo y donde se expresa con idéntica maestría tanto en el dibujo como en sus piezas, pues sus tallas y esculturas son elegantes, equilibradas y sencillas: tallas de cuerna, preciosos bronces de caballos, de toros, de escenas de caza, de montería nos hablan de su amor por el campo y la vida, y su particular observación del reino animal de la campiña y los bosques andaluces, no sólo con la mirada de un cazador al acecho de su presa, si no profesando un profundo respeto y admiración del animal en su entorno, representado por la “cotidianeidad” de la propia especie, no sin realzar sus movimientos, ya sea en grupo, a la carrera o caídos por un certero disparo.

Pero quiero destacar también que lo que a Alberto le da la campiña andaluza es mucho más, caballos de pura raza española, cercados, encinas, jinetes, amazonas, toros y becerros que podemos enlazar con un universo muy andaluz, el mundo del toro, el torero y la peregrinación, El Rocío.

Escenas éstas últimas cargadas de efervescencia que caracterizan esta pasión casi ancestral, el culto y la fiesta de la Blanca Paloma, la Virgen del Rocío, Madre del Coto de Doñana”

Alfonso Grosso Guzmán, escritor y poeta.